miércoles, marzo 15, 2006

Aproximación a los Derechos Humanos (una charla sencilla para jóvenes scouts católicos)

¿Cuál es el primero de los derechos humanos? Los católicos bien sabemos reconocerlo: el derecho a salvarse. Y tal es el objeto de la evangelización. ¿Por qué sino la preocupación constante de la Iglesia, durante estos dos milenios, de transmitir la Buena Nueva? Ciertamente no sólo por un afán comunicativo sino fundamentalmente para que el que reciba la Palabra viva según Ella y gracias a Ella. Ese vivir 'así' y no de otro modo, no según otras 'palabras', es la garantía de la salvación. Por eso nuestra obligación cómo católicos es transmitir la Palabra, esto es, evangelizar. Y en la medida en que es nuestra obligación es el derecho del otro, del evangelizado, del que aún no conoce la Palabra y vive ajeno a ella.
Pero, sin desatender esto, el problema que hoy nos ocupa es el de entender cómo es posible que los derechos del hombre se hayan convertido, en el decurso del tiempo, en otra cosa muy distinta que no pocas veces atenta contra el hombre, su dignidad y su vida. Este problema, del que intentaremos presentar hoy un atisbo solución, es el que hace, y sólo damos un ejemplo, que los delitos, los pecados más atroces, se conviertan hoy, mediante una alquimia monstruosa, en derechos del hombre. Para poder resolver esto, que se nos presenta como un enigma, será necesario remitirse, en esta primera parte de la charla, a una explicación histórico - filosófica. Se trata de leer dentro (intus legere) de los orígenes históricos de la actual concepción de los derechos humanos para llegar así a parte de su comprensión.
Para esta introducción histórica vamos a seguir un sencillo esquema:
 Los derechos en la Revolución Francesa.
 Los derechos en la Revolución Soviética
 Los derechos y la Revolución Cultural
 Los derechos y el Nuevo Orden Mundial

Los derechos en la Modernidad y la Revolución Francesa.
Ha sido precisamente la Modernidad, la etapa histórica que sigue a la Cristiandad medieval, la que instaura este 'lenguaje de los derechos' que antes no existía. Es imposible imaginarse a un hombre del Medioevo planteando demandas a partir de esta noción de derechos humanos pues éste hombre, el emergido de la cristiandad medieval, entiende primero y antes que nada de obligaciones y no de derechos. Sabe que tiene la obligación de rezar, de combatir y de trabajar. El hombre del medioevo reconoce que su primera obligación es el servicio, primero el servicio a Dios y, a través de éste, el servicio a los hombres. Y no imaginemos por esto que decimos que el hombre medieval era un pobre trabajador que sólo tenía obligaciones y ningún derecho. Un explotado, como dice el jerga marxista. No. Es claro que tenía derechos pero éstos eran una consecuencia y no una causa, un resultado de su vida de servicio a Dios y a los otros y no la piedra inicial de su existencia .
Pero la cosa cambia con la llamada Modernidad. Y este cambio del que hablamos, gradual pero firme y que se hizo presente en todos los ámbitos, fue particularmente claro y pernicioso en lo religioso. Así se planteó la Reforma Protestante que niega a la Iglesia Católica y que hace hincapié en los 'derechos de los fieles' (entre otros el del libre examen de las Sagradas Escrituras). La Reforma implicó el quiebre de la unidad religiosa y de la unidad de la fe. Y así llega también la Ilustración con la idea de que el hombre debe dejar la infancia, esto es, la religión, pues ya está maduro para pasar a la siguiente etapa evolutiva: la edad de la Razón. Los filósofos de la Ilustración o iluminismo también hablan de derechos, aquellos de la vida individual, al margen de la Iglesia y de toda creencia que no sea el inmanentismo, es decir, la vida sin trascendencia, sin gracia santificante, sin sobrenaturaleza.
Sin embargo, el momento más terrible, el momento de síntesis de todas estas ideologías que iban apareciendo, es el que llega con la Revolución Francesa. En ese momento llega el consabido 'lenguaje de los derechos'. El lema revolucionario que guió a estos hombres fue: "Libertad, igualdad, fraternidad" pero nosotros, que sabemos cómo fue la historia, podemos agregar: "o muerte". Sí, porque el que no estaba con los revolucionarios era un condenado a muerte. Para eso se inventó la guillotina, la obra de un médico revolucionario. Los que no estuvieron con los revolucionarios fueron los hombres de una región francesa llamada La Vendeé. Estos paisanos franceses se negaron a perder a su Rey pero sobre todo se negaron a perder a la Iglesia, a los sacerdotes, religiosos y monjas. Se negaron a perder el culto al único Dios. Y, ¿saben como terminaron? En sólo tres años (de 1793 a 1796) y en un territorio de sólo catorce mil km., fueron asesinadas 120.000 personas, el 15% de la población total y diez mil edificios destruidos, el 20% de La Vendée. Así les va a quienes se oponen a las revoluciones populares y guardianas de los 'derechos del Hombre'.
Con la Revolución francesa llegan el laicismo y el liberalismo. Una de las primera medidas que toman los revolucionarios es suprimir la libertad de agremiación y cercenar los derechos de reunión. Con tales medidas el obrero, ese que tanto dicen defender, quedaba indefenso en el juego de la libre juego de la oferta y la demanda. Más tarde vendrían la Revolución Industrial y el agravamiento de lo que se conoce como 'cuestión social', es decir, un grave estado de conflictividad al interior de la convivencia social.
Pero fundamentalmente la Revolución Francesa significó la descristianización, es decir, el arrancar de la cultura francesa, la primera nación católica de Europa, la religión misma. En cambio, se implantó un nuevo culto: el de la Diosa Razón. De esta forma, el hombre pretendió ocupar el lugar de Dios.
La Revolución fue una lucha contra todo lo permanente, contra lo eterno, fue un acto de suprema rebeldía, no sólo social sino fundamentalmente espiritual.
Fue esta revolución la que instituyó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789 y modificada en 1792). Y lo hizo sobre la sangre de los franceses. Y, una vez establecido ese orden invertido, donde se habla todo el tiempo de los derechos pero se conculcan los más esenciales, se produjo la difusión de los mismos a todas los lugares del orbe.

Los derechos en la Revolución Soviética
Pero el proceso iniciado por esta revolución tuvo sucesores a lo largo del tiempo. Y habría que esperar hasta principios del siglo XX cuando los bolcheviques rusos hicieran la revolución e impusieran allí un nuevo modo revolucionario: el comunismo. Y sí, aunque parezca paradójico, la Revolución Francesa, claramente liberal, dio a luz a la Revolución Soviética. "De padres liberales - decía Donoso Cortés - hijos socialistas". En las bases y en los fines, el liberalismo capitalista y el comunismo son plenamente compatibles.
Respecto del comunismo y su llegada al poder se dice lo mismo que la Revolución Francesa: que fue popular, que promovió los derechos de los pobres, de los excluidos, como se dice ahora. Sin embargo, quienes así hablan no explican los acontecimientos de la Vendée ni se preocupan por legitimar el genocidio soviético que sólo en Rusia se llevó a la tumba a más de treinta millones de personas.
Para poder imponer el nuevo orden en Rusia Lenin, Trotsky y Stalin entre otros comenzaron por instituir una policía secreta llamada Checa. Este cuerpo de asesinos se ocupó se asesinar a 50.000 personas en los primeros tres años de la Revolución bolchevique, casi nada comparado con los treinta millones que asesinaría Stalin a lo largo y ancho de Europa Oriental durante los treinta años de su gobierno de terror.
Pero el siguiente paso fue el arrancar de las entrañas del pueblo ruso el cristianismo que le daba vida. Una vez que la religión fue destruida, una vez que no quedaron más que resabios de la religiosidad del pueblo, entonces ahí sí se empezó a hablar derechos. El marxismo es, valga la insistencia, profundamente anticristiano pero en realidad va contra toda racionalidad.
Estas dos revoluciones fueron hechas a sangre y fuego. Partieron del mismo principio: la imposición de una ideología anticristiana en la que el hombre debía 'superar' la idea de Dios. Sin embargo, y he aquí lo contradictorio, ambas revoluciones, que se hicieron en pos de los derechos del hombre, negaron al hombre su radical identidad, su inefable esencia: la de ser Hijo de Dios. Ambas revoluciones hablan de la fraternidad, de la hermandad entre los hombres, pero ¿cómo pueden ser los hombre hermanos sino tienen un Padre común?
Llegó entonces un momento en el que la Revolución quiso llegar más lejos aún y entendió que la violencia, sin dejar de ser útil, no sería el único medio que le permitiría terminar de invertir el orden natural. Por ello el marxismo creó una nueva estrategia: la Revolución Cultural.

Los derechos y la Revolución Cultural
La Revolución Cultural nace a partir de que los revolucionarios entienden que es necesario avanzar sobre la conquista de los espíritus, de las conciencias. Si es necesario cambiar el orden natural e imponer otro invertido entonces conviene no sólo utilizar la fuerza sino también la ideología. Se trata de imponer ideas para que cambie la forma de pensar y sentir de la gente. Hay que lograr, se dicen los revolucionarios, que la ley natural que Dios ha puesto en el corazón y la mente de cada uno que de oscurecida, se obnubile. Así entra en escena ese gran revolucionario que fue el pensador italiano Antonio Gramsci. Este marxista se dio cuenta de que para lograr cambiar el sentido común de la gente era menester imponerle otras ideas. Pero, ¿cómo hacer esto? Muy fácil se dijo Gramsci, a través de la escuela, de los medios de comunicación, a través de las influencias sobre la propia Iglesia de Cristo.
La Revolución Cultural entonces incluye la penetración de ideología en las conciencias a través de distintos mecanismos (la manipulación de la información y del lenguaje por dar sólo unos ejemplos). Esos mecanismos llegan a las personas a través de los maestros, de los comunicadores y, a veces, de algunos sacerdotes. Cuando los curas, como ha ocurrido y ocurre, se vuelven marxistas, el trabajo de los revolucionarios es mucho más fácil porque una vez que la ideología llega al púlpito y a la sacristía, es decir, a los lugares sagrados, la posibilidad de capturar la conciencia de la personas es mucho más amplia y profunda.
A través de la Revolución Cultural, que comenzó a plantearse con mucha virulencia en la década de 1960, se llega a las diversas formas de liberación, a saber:
La liberación femenina, que plantea una lucha de clases y de sexos, en la cual la mujer debe liberarse del hombre. Aquí se proponen los derechos de la mujer.
La liberación homosexual que señala la lucha de los homosexuales a partir de la idea de concebir la homosexualidad como una forma sexual más. Aquí se plantean los derechos de los homosexuales.
La liberación animal, que plantea los supuestos derechos de los animales, cosa que como se verá es del todo imposible.
Sin embargo, existe una etapa más en este proceso de desarrollo de los falsos derechos humanos: el llamado Nuevo Orden Mundial.

Los derechos y el Nuevo Orden Mundial

Nosotros vivimos y padecemos bajo el llamado Nuevo Orden Mundial. Ya no se trata aquí de liberalismo ni de marxismo sino de una ideología sincrética que aspira, y de hecho lo va logrando, a dominar todo el orbe. El mismo nombre nos da claridad acerca de la intencionalidad. Se trata de un nuevo orden, distinto al impuesto por Dios. El Nuevo Orden Mundial es el definitivo trastocamiento del orden natural basado en la ley natural. Implica la negación de todo lo que la Razón Divina desea en el hombre. Es el reinado del Anticristo. Y todo en él se hace en nombre de los derechos.
El Nuevo Orden Mundial es el principado del miedo y la hipocresía. Del miedo porque, como en la Revolución Francesa y en la Soviética, resistírsele implica la destrucción. Y si nos cuesta entenderlo miremos cómo está el mundo. Y de la hipocresía y la mentira porque todo el caos que se genera, toda la destrucción que se imparte está pretendidamente legitimada en los supuestos derechos del hombre. Miremos sino es así:
 Las guerras genocidas se hacen en nombre del derecho a la democracia.
 El aborto, la anticoncepción y la esterilización se hacen en nombre de los derechos sexuales y reproductivos.
 La eutanasia se hace en nombre del derecho a la muerte dulce o sin sufrimiento.
 La clonación se hace en nombre del derecho de los derechos de la ciencia.
 Las sociedades quedan a merced de la violencia en nombre de los derechos de los delincuentes.
 El matrimonio se diluye en nombre del derecho al divorcio.
 La familia se destruye en nombre de los derechos homosexuales.
 La verdad se destruye en nombre del derecho a la opinión.
 La libertad se diluye en nombre de la liberación.
 La religión se socava por el derecho a la tolerancia.
 El hombre se destruye en nombre de los derechos del hombre.

A modo de conclusión
Pero nosotros sabemos que hay derecho si hay Verdad y que ésta es Cristo. Y si Cristo está en la comunidad hay verdadera libertad. Dios, en el Antiguo Testamento, no nos dice cuáles son nuestros derechos sino nuestros mandamientos. Y Cristo, en el Libro de la Nueva Alianza, nos enseña en el Sermón de la Montaña, qué debemos ser y hacer para llegar al Reino de los Cielos, su Reino. Ahí llegan los verdaderos derechos, los que derivan del hombre que está anclado en los deberes que tiene con Dios, con la Iglesia y con el prójimo.
Como dijimos al comienzo, el primer derecho humano es el de salvarse. Ese es el primer derecho que Dios nos da y es el que está antes que el derecho a la vida misma pues ¿a quien le cabe duda de que morir en Cristo es mejor que condenarse?
Luego está el derecho a la vida. Y a la vida íntegra podemos agregar pues si perdemos las razones de vivir, ¿de qué vale hacerlo? Y luego vienen los otros derechos.
Pero hay algo que Cristo nos ha enseñado y es que la mejor forma de adquirir estos derechos es combatir con todas las fuerzas para que los demás los tengan . Sólo en la medida en que defendamos al prójimos que está en peligro podremos ganarnos el Cielo. Mientras tanto, como dice el Libro de Job, " milicia en la vida del hombre sobre la tierra".
Vamos a terminar con una oración del Papa Juan Pablo II:

María,
Madre de misericordia,
Cuida de todos para que no se haga inútil
La cruz de Cristo
Para que el hombre
no pierda el camino del bien,
no pierda la conciencia del pecado y crezca
en la esperanza de Dios,
'rico en misericordia' (Ef 2,4),
para que haga libremente las buenas obras
que El asignó (cf. Ef 2,10) y,
de esta manera toda su vida sea
'un himno a su gloria' (Ef 1,12).

Sebastián Sánchez

3 Comments:

At 2:00 p. m., Blogger jpbarros said...

Fantàstica relación entre el desorden modernista y el orden natural,saludos chilenos:

jpbarros.2000@gmail.com

 
At 11:23 a. m., Blogger francisco said...

loable conmemoración a la masacre de francia perpetruada por la revolución frances. FAltarí enunciar los crémenes efectuados en nombre de Cristo: 1) Inquisición. 2) cRUZADAS 3) EVANGEÑIZACIÓN DE INDIAS. Cientos de miles de personas asesinadas en nombre de Cristo por pensar o creer distinto.

 
At 5:13 a. m., Blogger Bicentenario 2010 said...

Quienes hablan sobre miles de crimenes cometidos en el nombre de Cristo Rey, olvidan tal vez los millones cometidos en el nombre de ateos, judios y musulmanes...? Saladino, Stalin, Moshe Daian, Nikita Kruchev; han sido olvidados o perdonados tal vez..? Mas lejos aun los propios romanos en sus persecuciones cristianas..? Olvidan que la politica insto a una sociedad a liberar a Barrabas, un asesino..? Acaso Sodoma y Gomorra fueron borradas de esta tierra por existir en ellas virtudes..? El orden natural de las cosas es inevitable, pero siempre existiran quienes en el nombre de los Derechos Humanos, pretendan deformarlos y manipularlos a gusto de los Izquierdos y Ateos Humanos.

 

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