martes, febrero 07, 2006

Tiempo de aristócratas

Solía decir Maurras que la democracia consume lo que se ha producido en tiempos de aristocracia, de manera tal que los "demócratas" sólo usufructúan lo que han hecho los mejores. No hay que confundir la expresión maurrasiana con un cálculo de tipo economicista o material, pues el gran pensador francés remitía a las grandes producciones políticas, intelectuales y espirituales que son el resultado de los tiempos en los que brilla la palestra por la presencia de los mejores. Porque cuando la política cuenta con los hombres superiores, esto es, servidores, todo en la Patria se rige por el orden justo. Así, la inteligencia se encamina a la Verdad y la voluntad al Bien cuando el gobierno está en manos del Prudente. Es casi una cuestión de lógica.
El problema de la Argentina, y de tantos países en esta hispanoamérica del dolor como decía Eyzaguirre, es que lleva muchos años (des)gobernada por los 'demócratas' (que ya casi son zoócratas), sin que atisben señales de los aristócratas. Es que hace mucho que no gobiernan los aristoi, los virtuosos, sino aquellos que, merced a los ardides de la partidocracia, logran escalar posiciones en las redes iniciáticas de la política democrática.
Hoy, como ayer, la política aristocrática no puede ser sino es católica. Sin embargo, ¿por qué no participan activamente los católicos en política? Porque sin dudas al católico del Evangelio, es al que le compete la santificación de la política refiriéndonos, claro, a aquella actividad excelsa de medios y fines encaminados a la restauración de Cristo en todo. Es la política arquitectónica que reconoce que el mayor Bien Común es Dios, el fin de cada hombre, y que a El ha de ordenarse todo otro bien. Nada decimos aquí de esa participación desviada en torno a una particocracia malsana que es algo así como la perversión de la verdadera política.
Oportunamente lo ha señalado el P. Bojorge: los católicos son débiles en política, que es lo mismo que decir que son débiles en el mundo mundano. ¿Y entonces? ¿A qué esperar? Si somos débiles en el mundo no podremos cumplir con la santificación del mismo, es decir, con nuestra vocación en tanto fieles laicos.
¿Cómo hacerlo?, se nos preguntará. ¿ O acaso nos quedamos en la mera declamación de lo que hay que hacer sin decir nada acerca del cómo hay que hacerlo? Pues bien, no hay recetas, sólo un inteligir, un leer dentro de las cosas y un actuar en consecuencia:
¿Se ataca la vida? Pues ahí están los grupos que la defienden esperándonos. Pero no olvidemos que un ataque a la vida es también una avanzada contra el matrimonio y la familia y, por ende, a la Patria. La Cultura de la Muerte profana la Ciudad y es por eso una avanzada destructiva contra todas las religaciones del hombre: la familia, la patria y Dios mismo. Por eso, "defender la vida" implica defender a la Patria. ProVida, sí....pero también ProPatria.
¿Se ataca a través de los medios de comunicación? Pues entonces hagamos política en ellos. Realicemos programas de radio que, lejos de caer en lo misticoide, señalen con fuerza y determinación qué es lo que está bien, para contrastarlo con lo que está mal en el mundo. Creemos revistas y diarios, utilicemos Internet, anunciemos a Cristo sin avergonzarnos. Hagamos caso omiso de lo que dicta el mundo y seamos políticamente incorrectos, fieles al Santo de Loyola que prefería ser un loco por Cristo y no un cuerdo de este mundo.
¿Se atacan las instituciones de la Patria? Defendámoslas entonces con los medios de que dispongamos para ello, exaltando sus virtudes sin negar sus yerros, haciéndolas reconocer su naturaleza y procurando volverlas a su quicio. Y recordemos nuevamente con Maurras que en política, en ésta política excelsa que reclamamos, es siempre ridículo desesperar.
¿Se revoluciona la educación, invirtiéndola y haciéndola instrumento de escándalos? Pues entonces hagamos de cada escuela un templo en el que Cristo sea el centro. Sin ambages ni concesiones ideológicas, sin temor al aislamiento ni a la persecución.
¿Se ataca a la Iglesia y, con ella, a las personas sagradas? Salgamos pues a defenderla con la fuerza de los mártires, afirmemos la Verdad (que es la única forma de contrarrestar el error) acerca de lo que la Iglesia es y acerca de lo que no es. Sigamos en todo a los pastores fieles, sin miedo ninguno. Y para los pastores heridos, emitamos algunos balidos, como ovejas que no quieren dispersarse, para que vuelvan a curar sus heridas al Redil, atentos a quienes les ha sido encomendado pastorear.
¿Vencen los impíos? ¿Cosechan victorias los injustos? ¿Y que esperábamos? Recordemos que su victoria es pequeña y efímera y que no nos está dado el vencer - solo Cristo vence - pero no por eso debemos abandonar el luchar.
La verdadera política vuelve por sus fueros, exige su rehabilitación, algo que sólo los aristócratas han de realizar. Un tiempo de aristócratas, de sacrificio y servicio, de entrega y testimonio, eso es lo que necesitamos. Un tiempo de 'producir', ya no para la próxima aventura partidocrática, sino para que, cuando Él vuelva y ponga cada cosa en su lugar según justicia, podamos exclamar: ¡Señor! ¡Este es el bien que he hecho con el tiempo que me has otorgado!
Sebastián Sánchez

1 Comments:

At 3:24 p. m., Blogger Luz said...

Ramón y Cajal fue reconocido, su obra no interacciona, directa con la Política. Igualmente, fue fácil que en 1799 la Asamblea Nacional Francesa adoptará el lema: “Para todos y para siempre” en el momento de definir el metro. Posteriormente, en 1875 diecisiete países firmaron un tratado internacional…, Los cuarenta y cuatro países finalmente signatarios…(este esfuerzo conjunto ilustra un conocido aforismo de la ciencia política: los gobiernos no tienen ningún problema en estar de acuerdo en temas que consideran que carecen de importancia política). Mas, no acaece lo mismo este abogado-astrónomo, que se atreve a decir: La Historia de la Sociedad está estrechamente ligada al progreso de las ideas jurídicas. Si conociéramos el Derecho que se ha de vivir en el mañana, estaríamos capacitados para escribir, incluso con minuciosidad, la configuración social del mundo futuro", JOSÉ LOIS ESTÉVEZ, Ciencia contra Política en la pugna por un derecho justo.
También, dice: *Uno de los mayores males que padece el hombre de nuestros días es el auge de los poderes despóticos. La realidad política del mundo actual muestra claramente cómo la Sociedad está presenciando un incremento exorbitado del Poder. Al mismo tiempo que las libertades individuales son menoscabadas y mermadas en todas partes, crece desmesuradamente la intromisión administrativa y la ingerencia del Estado en lo individual y en lo social. El círculo de lo que constituye la vida privada del individuo se muestra en franca tendencia a reducirse más cada día. La casa, ese pequeño reducto en que se asentaba el «Estado en miniatura» de la familia, a cuyos umbrales se detenía respetuoso el Derecho, ha venido, desde hace tiempo, perdiendo cada vez su importancia y su autonomía. Y a medida que la persona ve empobrecida su libertad y sus fueros, la Autoridad se hace más poderosa, más avasalladora, más irresistible. El sentido cristiano de la individualidad y de la dignidad humana está, con esto, en jaque y en entredicho. Y la causa del mal es muy simple; pero tan inaparente que a todos nos gana la propensión de poner el énfasis en otro sitio, y no atajamos el mal en su raíz misma. Y, sin embargo, ya hemos sido de antemano advertidos.
Una corriente doctrinal de gran abolengo entre los filósofos cristianos ha insistido siempre en la consideración de la Ley como «una ordenación racional para el bien común» (4). En este acertadísimo concepto de la actividad legislativa, una cosa aparecía puntualizada sobre todas:
la Ley debería ser, antes de nada, una obra ordenadora de la razón. De la bien informada razón, no de la voluntad arbitraria o el capricho.
No puede dudarse que la definición de Ley formulada por los doctores católicos contiene la más viva repulsa que cabe dar al voluntarismo jurídico; es decir, a esta tendencia de los legisladores modernos a regular jurídicamente las relaciones humanas sin sujeción a otra norma que su
arbitrio. Resulta, pues, patente que el ciego voluntarismo legalista ha tenido en todo tiempo que enfrentarse con le recia posición católica propulsora del más enérgico intelectualismo
. La Ciencia pagará así la deuda que tenía con el Derecho y los legisladores despóticos quedarán cogidos en su propia trampa! La Ciencia pagará su duda con el Derecho, porque el Derecho, al organizar la Sociedad y la cooperación humana, puso los cimientos para qua aquélla fuera posible. Los legisladores serán cogidos en su propia trampa, porque bien pronto vamos a vivir, una vez más, una repetición del viejo mito de Pireneo.
"Aunque son muchedumbre los bienes que se derivan para la humanidad del derecho tienen carácter de aprovechamientos secundarios y a veces pueden faltar. El bien que, caso a caso, no falta nunca cuando funciona el Derecho, ése y sólo ése es su objeto. Y en tal supuesto sólo está *la paz*". El Derecho como Ciencia Exacta: *Conferencia pronunciada en el Instituto Jurídico Español de Roma en 19-V-1965. JOSÉ LOIS ESTÉVEZ.
O, en CIENCIA CONTRA POLÍTICA EN LA PUGNA POR UN DERECHO JUSTO * Publicado por anticipo, en el Homenaje al Prof. Legaz Lacambra.
(INICIO)… El Derecho se ha como detenido en su expansión y todas las relaciones humanas se están resintiendo de su deficiencia. Sólo están firmes los cimientos iusnaturalistas que puso Dios. Lo que El ha confiado a los hombres está por todas partes resquebrajado y amenazando ruina…
Es cierto que los recursos naturales tienen un límite de utilización absoluto, que es la cantidad de materia existente en el mundo. Pero no está de más recordar cómo el crecimiento de la población tropieza con idéntica barrera. Entre ambos términos hay, pues, una ecuación preestablecida que pregona, como todas las otras, cómo una Inteligencia Suma ha ordenado todo lo que existe. Si un día se quiso negar el providencialismocon pretensiosos y sedicentes razonamientos científicos, Dios se ha tomado su desquite valiéndose de la misma Ciencia que se le quiso oponer. No se puede negar que Dios es también de un humorismo infinito. Ni dudar tampoco que si El es el principio de la Sabiduría, es, con igual razón, la culminación de la Sabiduría, porque toda Ciencia de El viene y en El para. Y esto lo digo porque la Sociología y el Derecho parecen a punto de reencontrar a Dios. El Derecho, porque se vuelve a ver ahora qué imposible es una seguridad jurídica si las normas positivas no se enclavan en una teología iusnaturalista… Por mi parte, he llegado hace tiempo a la conclusión de que Dios se ha reservado un argumento supremo para convencer a los hombres de Su existencia. Que será permitirles durante un cierto, brevísimo período, vivir como si El no existiera. Lo que haríamos en tal suposición nos dará una idea clara de lo que acontecería no ya con que El, sino sólo Su idea, se retirara de nosotros. Frente a los que ponen en duda la realidad de un Derecho Natural, ésta es la respuesta: ¿Qué es lo que sostiene el bien en la Sociedad, y con el bien la vida? Sin la fe en Dios, el Derecho no podría imponerse, porque no existe el modo de constreñir a todos por la fuerza. La idea de Dios nos es necesaria para convivir. ¿Y no lo será, acaso, por constituir la atadura con que el Señor nos ha ligado a El para que no podamos ignorarlo?
Rastreando en la actualidad los gérmenes del futuro, hemos entrevisto la posibilidad de un mundo mejor, fraternal y pacífico, bajo un nuevo Derecho. Podrá discutirse si nuestras premisas y consecuencias son o no exactas. Pero el futuro humano tiene una propiedad singular. Y es que se deja hacer por los hombres. Ya sabemos a donde vamos, al revés que Alicia; ya sabemos cuáles son los medios que nos garantizan la seguridad del camino. Pues bien, ¡bajemos el astabandera! Y ¡a obrar! Es hora de actuaciones, no de palabras.(FIN)

DOS REVOLUCIONES FRENTE A FRENTE: Condicionar las ideas sería así, en última instancia, predeterminar el futuro humano.
Será una revolución en silencio, sin violencia, sin lágrimas. Y consistirá, en último término, en confiar la criba de las ideas a métodos empíricos, no a la fuerza ni al número. En ese instante tendremos un planeta en paz, donde el poder de la razón habrá vencido, por fin, a esa ominosa razón del poder, en que se parapeta el que manda. José Lois Estévez.

El progreso de las ideas. D. José Lois Estévez en El Correo Gallego de 24-I-2005: “…, a máximos de error jurídico, mínimos de libertad y viceversa, sin que importe el sistema político en que esté sucediendo, o (lo que es lo mismo), el nombre que se le dé. La eficiencia del Derecho tiende a disminuir siempre. Porque, si no todas las normas jurídicas son justas, en aquello en que se propasen, la constricción es opresión. Y el poder injusto, ¿en qué difiere de la dictadura? Lo importante en un Estado no es la legalidad aparente, sino el respeto auténtico del Derecho, la verdad jurídica, que, vistas las cosas con rigor, difícilmente existe en ningún país.
El sector de población que se resigna a la injusticia, es, en la práctica, como si se solidarizara con ella. Está perdiendo libertad, con su asenso tácito a los actos arbitrarios, merece lo que le pasa. Pues todos debemos ser conscientes de que no hay injusticia consentida en un caso que no contamine a muchos otros, con daño grave a todos los demás. El mal es siempre contagioso. Y se propaga. Pero si no fomentamos el bien, ¿Podemos lamentarnos si desaparece?
JOSÉ LOIS ESTÉVEZ*LA ETERNA POLÉMICA SOBRE LAS FUENTES DEL DERECHO*SANTIAGO 1993*
*/Por razones que jamás alcanzaré a comprender, los juristas de nuestro tiempo parecen empeñados en convertir a los legisladores humanos en una especie de ministros plenipotenciarios del divino Legislador. ¡Y en fuerza del servilismo que tal actitud entraña, los Legisladores acaban creyéndolo ¡ No son omniscientes (¡salta a la vista que saben muy poco!); pero disfrutan, en su propia opinión, de la más absoluta omnipotencia. Sin embargo (¡cosa curiosa!), nunca pueden imponer sus mandatos por sí mismos. Dependen de otros, tanto en cuanto a la interpretación de su particularísima *voluntad* como en la exigibilidad práctica del supuesto precepto a los súbitos. ¿Cómo, entonces, atribuirles ¿soberanía*? ¿Cabe, incluso, llamar ¿poder* a una ¿pretensión de obediencia* que necesita para su eficacia el concurso de intermediarios cuyo sometimiento no puede pasar de ¿nominal*?/Todas estas importantes cuestiones, pasadas por alto demasiado a menudo por nuestros tratadistas, van a ser discutidas a fondo en este trabajo. Pero antes parece del mayor interés procurar algún esclarecimiento a un enigma histórico desconcertante: ¿Cómo se explica la fe tópica actual en la ¿supremacía legislativa* cuando semejante presunción nunca encontró acogida en la antigüedad, ni aun en las épocas más primitivas ni despóticas?/Nadie soñó jamás entonces con hacer el Derecho, que, unido indisolublemente a la Religión, tenía como ella un origen divino. En parte, iba apareciendo como extensión lógica de las creencias y de los ritos; en parte constaba en fórmulas ancestrales, casi siempre versificadas para facilitar su recuerdo; pero en todo caso la genealogía sobrenatural se presuponía siempre…
([2]/Esta subordinación del Derecho a lo religioso quedó consignada para siempre en la célebre definición que de la Jurisprudencia ofreció Ulpiano: " Jurisprudentia est divinarum atque humanarum rerum notitia, iusti atque íniusti scientia" ([3] / Muchos estudiantes se sorprenden,- en nuestros días, ante la primera parte de la fórmula definitoria. Les parece un error mencionar "las cosas divinas" como una porción integrante del saber jurídico, Juzgando con un criterio actual y, en la misma medida, también anacrónico, no entienden que alguien haya podido alguna vez mezclar la Religión en el Derecho. _/*Incluso siendo creyentes y aceptando sin vacilaciones que el orden de las cosas humanas es un elemento más en el orden general de la creación,, tienden a suponer que su criterio particular debe quedar reservado al fuero interno, para crear, en lo posible, una base común de lenguaje que sirva para establecer un acuerdo inicial entre todos los hombres, sea cualquiera su concepción del mundo»...*/
La crítica epistemológica conduce a la impersonalización del conocimiento, porque afirma la necesidad de que la Ciencia se exprese en un lenguaje "inmune a los cambios de observador", por "brindar descripciones invariantes de los fenómenos". Tal exigencia obliga a prescindir de las apariencias fenoménicas no compartidas; es decir, de cuanto se presenta "singularizado" en la observación. Sobre esto, LOIS: Nueva Versión sobre el Derecho, Santiago, /... que, en la misma proporción en que se *laiciza* y *seculariza* la sociedad y con ella las teorías jurídicas (5), se hace necesario incrementar la injerencia pública en los reductos más privados, dar más y más poder a los gobernantes y tratar de conformar esa entidad mística denominada *Estado* a la manera de un ser ubicuo, que llegue a estar informado de todo, que todo lo controle y que vaya con el tiempo haciéndose todopoderoso. ¿No estamos volviendo así a poner el Derecho al servicio de un credo religioso que toma al Estado como su fetiche? f). /La ventaja más evidente que tenía para los antiguos su concepción santificadora del Derecho estribaba en ponerlo a salvo del voluntarismo político. Siendo creación divina, no humana, ningún magistrado ni asamblea popular podría nunca manipularlo a su sabor… En Grecia, "las mociones contra-Derecho no sólo estaban prohibidas y cohibidas por acciones públicas (la famosa graphé paranomón), sino que ciertos magistrados (los custodios de la legalidad) tenían asignado el cometido de cortar de raíz cualquier propuesta contraria al Derecho" (9). La reforma de las leyes debía seguir un procedimiento especial. "Los griegos fueron siempre conscientes de que sin una firme estabilidad del Ordenamiento jurídico se incidiría en el gobierno de hombres, con su proclividad a lo arbitrario, y no en el deseado gobierno mediante leyes (10)…
José Lois Estévez. *AGRESIVIDAD DEL PODER. DERECHOS FUNDAMENTALES. *Santiago, 1992/
Cuando la Asamblea Nacional francesa “decretó” (según sus propias palabras y con evidente impropiedad terminológica y escasa coherencia)”la Declaración de derechos, el designio que se atribuía era ofrecer al pueblo dogmas políticos -“principios simples e incontestables… Tiene razón Carlyle cuando escribe: “Con los debates sin fin, obtenemos los /Derechos del hombre/, escritos y promulgados; verdadera base de papel para toda Constitución de papel. Olvidando, gritan los oponentes, declarar los deberes del hombre; olvidando, añadiremos nosotros, /los poderes del hombre/. ¡Una de las más fatales omisiones!”…
a) Examinemos el primer artículo de la, Declaración. ¿Cómo deberá interpretarse? ¿Afirma un hecho, algo que ya es, o algo que se quiere, por estimar quienes lo redactaron que deberla ser? La primera hipótesis no resulta, evidentemente, sustentable. Si la libertad se concibe, según la definición del art. 4, como un “poder hacer”, queda de manifiesto sin disputa que el recién nacido no es capaz de tenerla, pues no puede hacer nada: Todo hombre viene al mundo en la impotencia más absoluta; pretender que desde su nacimiento sea libre, peca de ridículo. Por otra parte, si fuera verdad que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos” ¿qué sentido tendría la preocupación del legislador? ¿A qué corear lo que ya es una realidad fáctica? Por lo demás, si los hombres hubieran de permanecer “iguales en derechos”, ¿cómo hablar de distinciones sociales, ni aun fundadas en la utilidad común? ¿Son, por ventura, iguales en derechos quienes mandan y quienes obedecen?...
, “cuando estas ideas se generalicen, ningún fanatismo podrá resistir la fuerza de la radiación ultrapenetrante de los conocimientos científicos”(Final).
CORREO 28 III 05 El sentido político. Por José Lois Estévez Hace siglos que Aristóteles calificó al hombre de animal político; quería decir que el hombre se acomodaba a vivir en una polis. Había, en efecto, dejado atrás la primera estructura social, en la familia, y después había evolucionado institucionalmente dando a todas sus formaciones rudimentarias un avance que las transformaba, no siempre para mejor; pero sí siempre preconizando para ellas una mayor intervención social. Políticamente, el hombre desarrollaba más cada vez sus tendencias hacia una mayor preponderancia de intervenciones, cada vez menos individualistas.

El hombre se hacía más sociable porque era mayor el control que la sociedad iba ejerciendo sobre los individuos. El fenómeno puede observarse, con cierta preferencia, en el teatro. Si pensamos en el teatro de un Esquilo, genial en su aparente simplicidad, veremos sin esfuerzo, como sus personajes dramáticos son una exigencia que imponen las realidades sociales a la menguante libertad de los hombres. Apenas queda subsistente una protesta. Después de Esquilo, Sófocles, venciéndole en la competencia trágica.

Sófocles logró lo que parecía imposible, indudablemente, lo superó porque como poeta alcanzó las cumbres de la actividad artística; ni nuestros trágicos, ni el propio Shakespeare han logrado sobrepasar sus cimas.

Muestran al hombre luchando por ser más y más libre, pero lo muestran sometido a una auténtica dictadura social de la que no se le deja evadirse. Por fin el desquite se lo toma el cómico Aristófenes. Reaccionando desde sus comedias, patentemente antipolíticas, contra la opresión que significaban los treinta tiranos atenienses. Era la época en que desde Atenas se preparaba la expedición contra Sicilia, muestra de un imperialismo ramplón, que hacía de la política una degenerada filosofía. Fue, como lo muestra Tucídides, un gran proyecto, una pura lucubración, sin más fundamento que una vacua retórica optimista.

En Las Nubes, Aristófenes hace una perfecta sátira de las pretensiones atenienses, poniendo al descubierto la fatuidad de las ensoñaciones políticas, tan de antaño, como perseverantes actualmente.
CORREO 5 V 06 La esencia de la Política. Por José Lois Estévez



La política es muy cambiante, si echamos un vistazo a la Historia, no encontraremos en las actuaciones políticas coherencia alguna. El interés político ha sido de lo más fluctuante, se ha cifrado durante mucho tiempo en conquistas territoriales, después en el engrandecimiento patriótico, mediante una buena administración y, finalmente, se ha dado una respuesta más positiva al cifrar el cometido político en el desarrollo popular especialmente económico.

Hoy nuestro intento se preocupa de la mayor generalización. La tarea que perseguimos debe fundarse en un gran cometido educativo, en hacer crecer las oportunidades humanas, pretendiendo mejorar la suerte del hombre. El problema concreto exige contestar, ¿cómo? Lo que habremos de procurar es ir aumentando nuestras expectativas de supervivencia. Es evidente que no existe otra forma de desarrollo político mejor que ésta. Sería posible que el desarrollo humano se produjera en una sola dirección o en unas pocas. Si el hombre creciera en función de algún sólo designio, de modo, por ejemplo, que su mejoramiento quedara reducido a ciertas manifestaciones particulares, sería evidente que podrían manifestarse exclusivamente con unilateralidad, de forma egoísta, con un resultado que podría tornarse pernicioso para la especie humana: "¡Dejad que el hombre la bondad derroche / y así devuelva al mundo la esperanza, / que sepa hacer Justicia sin reproche / e inspirar compasión y no venganza!"… "Hacer más hombre es el camino y dar con Dios nuestra mayor proeza. Sin Él no hay bien posible ni destino. Cada rastro de ser siempre es grandeza".

Detengámonos momentáneamente en esta tarea: sabemos que es necesario potenciar las energías humanas. Si queremos contribuir al desarrollo humano nos es necesario pensar más directamente en el hombre; es decir, con menos rodeos: su formación ha de ser mejor y mayor todo su equipamiento cultural y moral. Pero, aún esto no será políticamente bastante. Cada hombre debe estar en su sitio: el Gobierno debe dejarlo colocado. Hasta que no lo haga, no está por completo cumplida su función. Es de la máxima importancia que cada persona ocupe el puesto para el que esté más capacitado: ese sería el mayor éxito político. Y ¿cómo asegurarlo? Aunque la palabra no nos guste mucho, no es fácil de¬secharla: el camino inevitable son los exámenes, pues desde su invención, hace ya siglos, no existe un modo más eficaz, para la concurrencia competitiva, entre aspirantes a los diversos puestos ofrendados a la competencia interhumana. Se trata de elegir al mejor, es decir, al que tiene mayores merecimientos. No es una cuestión baladí, sino de la máxima importancia, que nos es conveniente esclarecer. ¿Cómo se determinan los merecimientos? El mérito, es decir, la acción meritoria es la acción humana que redunda en bien social. Se constituye por invenciones o fórmulas repetitivas que, o enseñan algo, o traducen algún conocimiento, o memorizan alguna acción conveniente, que es bueno poder reproducir. Debe conservarse en la memoria. Hay que convertirla en saber para poder repetirla cuando convenga.

 

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