miércoles, febrero 08, 2006

La espontaneidad, enemiga de la educación

Por Matías Sánchez*
"La espontaneidad parece ser el derecho fundamental de la acción humana. Triunfa Rousseau. La espontaneidad se ha fomentado, en primer lugar, por las exigencias de la conciencia personal; sin percatarse muchas veces que la conciencia psicológica ha prevalecido sobre la conciencia moral, privando a esta de su visión sobre la obligación intrínseca y extrínseca que la debe guiar; y de ahí la explosión de una libertad ciega, de un impulso pasional, de una delincuencia desenfrenada; de ahí, en suma, la abdicación de la voluntad inteligente y verdaderamente responsable".
Cuando veintiséis años atrás el Papa Pablo VI advertía respecto a la filosofía de la espontaneidad, seguramente imaginaba consecuencias graves –muchas de las cuales padecemos en estos tiempos- en diversos ámbitos y bajo distintas formas. El Santo Padre denunciaba una concepción profundamente dañina cuyas implicancias se manifiestan dramáticamente en la educación, tanto familiar como escolar.
Al referirnos Rousseau se encuentra el fundamento de la espontaneidad, por cuanto es el naturalismo el que la favorece y la alimenta. La Reforma protestante, con el sometimiento de las cosas al juicio de cada individuo, cimentó las bases de la negación de lo sobrenatural; la naturaleza se convirtió en medida y reguladora de la vida humana, lo que llevó, progresivamente, a la sobrevaloración del hombre y a la negación de la divinidad ("seréis como dioses"). Muchos colaboradores se sumaron a esta causa y aquellos que hoy promueven y protagonizan la Revolución cultural no quedaron afuera; lo que importa señalar es que habiéndose logrado un mayor nivel de sofisticación en las formas de penetración, lo que antes alcanzaba con definir como "filosofía roussoniana" o "naturalismo", hoy demanda mayor rigor y profundidad. Sucede que difícilmente una persona adhiera completamente a este producto del pensador revolucionario: "lo únicos bienes que el hombre conoce son la comida, la hembra y el reposo". Sin embargo, el naturalismo está vivo, bajo una forma más sutil y efectiva, la filosofía de la espontaneidad. La "espontaneidad" de la que hablaba Pablo VI.
La familia padece desde hace tiempo esta grave enfermedad. Solamente repasando algunas cuestiones alcanza para graficarla:
 La espontaneidad es la que fomenta que la familia puede desaparecer en tanto el consenso y la concertación enuncien su deceso. "Hoy, Familia. Mañana, veremos..."
 En la actualidad se valida la transitoriedad. "Las formas de familia pueden cambiar. De hecho cambian a lo largo del tiempo y en las distintas sociedades, culturas, razas, etnias"
 Se entiende la fidelidad como una "simple palabra". Entonces carece de sentido la unión permanente y exclusiva. Diderot afirma: "el matrimonio indisoluble es un abuso"
 Aparece la noción de prueba. El matrimonio "es un papel", que a nadie obliga (claro: la palabra empeñada carece de valor). El "negocio" lo representan las "uniones de hecho", por cuanto invitan a probar suerte, como en la lotería: "si sale el billete, gano el pozo mayor; si el billete no acierta, seguiré apostando". Esto es: "si esta unión funciona, sigo adelante. Si fracasa, concluye; y continuaré probando"
 Autoriza el instinto: las pasiones del hombre mandan. Todo está sujeto a ellas. "La felicidad –retomamos a Diderot- está donde el hombre se une y aparta a voluntad; en Otaiti, donde el matrimonio dura un mes, a menudo un día, a veces un cuarto de hora"
 El "amor", palabra en demasía tergiversada, parece ser la medida. "Mientras exista algo así, ese ardor en el pecho, mientras exista amor, todo continúa: al irse, nada queda y nada obliga"
 Desaparecen el compromiso y la responsabilidad. No se entienden ataduras; ni respecto al otro, ni respecto a los hijos, ni respecto a Dios
 Se destruye el fundamental valor de "patria potestad". Se la considera noción injusta. "Los padres no tendrán derecho a educar a sus hijos, ni a criarlos, ni a señalarles rudimentos morales"
 Se acentúa la idea de "familia democrática" en la que roles, funciones y autoridades se deciden en conjunto y nadie se impone ni sobresale
 La moralidad queda reducida a una norma hedonista: si algo causa placer, se valora; y si, por el contrario, algo provoca dolor, esfuerzo, sacrificio, entrega, dedicación, etc., no se valora y se evita
Decíamos, con estos aspectos se muestra la gravedad del asunto, que por supuesto tiene directas y aterradoras derivaciones en la crianza, educación familiar. Si dos personas pueden decidir, espontáneamente, la disolución de un matrimonio, espontáneamente pueden optar por educar a sus hijos en la espontaneidad, cuestión que derivaría, casi necesariamente, en una "educación natural", síntesis aterradora y vacía por cierto, que dejaría expuestas a las familias a la animalización, sin más alternativas. Esto, creemos, sucede en demasía. Los límites son expresión de la no-espontaneidad, por ello de muchos hogares desaparecen. Las virtudes son contrarias a la naturaleza, por tanto incontables familias promueven vicios, que de espontáneos tienen mucho.
La vida de oración es producto de la negación de las tendencias, que dictan el imperativo de dejarse llevar por el instinto y las pasiones, por eso importa anteponer "lo que uno siente". Una familia en la que se determinan espontáneamente los roles de cada uno de sus integrantes ("familia democrática", dirán envilecedores y envilecidos) gozará de legitimidad y nadie osará cuestionarla. Un padre que entregue al azar y al arbitrio la vida de su pequeño hijo será condecorado con honores, pues se convertirá en "favorecedor de la libre expresión del menor" y no simplemente en un abandónico. Un Estado que asuma la patria potestad de menores, voluntaria o involuntariamente delegada por los padres, lejos de ser tildado de totalitario se convertirá en un "favorecedor de condiciones para la formación integral del ciudadano".
Pero se entenderá que no solamente la familia y la crianza padecen este terrible mal. También la educación escolar manifiesta sus torcidas aberraciones. En principio, hay que decir que muchos son los ejemplos de una práctica que promueve la espontaneidad; entre ellos, los siguientes:
 Aulas en las que los docentes centran su tarea en los intereses de los alumnos. Se asegura que "lo que importa es enseñar a partir de lo que al niño o joven le interesa, para hacer más significativo el aprendizaje", porque el interés es de factura espontánea y fluye naturalmente de los alumnos; pero se desconoce que mucho de lo enseñado puede no condecirse con lo que es de interés para el que aprende. Es más, la mayor parte de las veces es opuesto al interés del infante, más vinculado al juego, la recreación y el entretenimiento que a los algoritmos, la comprensión de textos y los procesos vitales.
 Docentes que se empeñan en resaltar la participación y el espíritu crítico de los infantes. Se suele hacer de la clase una "feria del debate" en la que prima la libertina expresión y la desenfrenada habladuría en desmedro de la verdad y sin respeto por el rigor y el esfuerzo por comprender. Todos los temas pasan a ser plausibles de opinión ("Hoy debatimos el aborto", por ejemplo, como si la vida humana pudiese ser objeto de infundados y espontáneos pareceres) y se motiva un ímpetu de criticidad en los alumnos, que poco tiene de reflexivo y discernido, y solamente manifiesta impune cuestionamiento y objeción juvenil.
 Escuelas que erradican toda forma de castigo o norma disciplinaria. En nombre de la ortodoxia naturalista, instituciones enteras funcionan basadas en la aberrante idea de que los alumnos resuelven sus problemas –los graves y los ordinarios- sin necesidad de una norma, sin límites preestablecidos ni impuestos por los adultos. Como un límite es de por sí antinatural, ponen en manos de los alumnos la resolución de sus propios conflictos, para que ellos, como puedan y según se les ocurra, encuentren soluciones. Cuanto más espontánea sea la resolución, mejor.
Los ejemplos pueden multiplicarse y lo cierto es que cada uno ratificaría una realidad que se hace cada vez más patente. Para reconocer sus alcances y desterrarlos no alcanza un simple vistazo, más bien hay necesidad certeros diagnósticos y una vuelta a lo esencial. La educación - familiar y escolar- lleva consigo, desde siempre, fines claros y profundos. Recuperarlos será la tarea; con ello alcanza para desterrar el reduccionismo naturalista y la espontaneidad, que se presentan como novedosas concepciones y no dejan de ser simples distracciones respecto de lo verdaderamente importante.
*Maestro de grado, Profesor en Filosofía y Licenciando en Educación.

3 Comments:

At 7:47 a. m., Blogger Fides Quaerens Intellectum said...

Suscribo totalmente lo que afirma el profesor y más en este tiempo de apostasía creciente, que hace 50 años nos lo advertía el Padre Castellani. Soy de Formosa e integro un grupo que estudia las enseñanzas del Padre Castellani, a la luz de la sana doctrina y la filosofía perenne. Tengo en construcción un blog en la siguiente dirección: http://fueroleonardocastellani.blogspot.com/

 
At 11:27 a. m., Blogger francisco said...

Que pedazo de pensamientos...cuál es tu profesión o a qué te dedicás...

 
At 7:33 a. m., Blogger Amagi aang said...

Discrepo rotundamente. Considero que todo depende de qué conceptualicemos por espontaneidad.
Para mí, la espontaneidad está estrechamente relacionada con la sinceridad. Es, por ejemplo, la espontaneidad de un sentimiento que no se niega; es una suerte de transparencia del ser; ser verdaderamente como uno es y no ocultarse tras máscaras y personalidades.
Por ello, creo que la espontaneidad es una cualidad necesaria, como la autenticidad. Jesús dijo que solo los que fueren como niños entrarían al Reino de los Cielos. Espontaneidad, para mí, es una cualidad propia del niño que es, sin mediación del pensamiento y la razón.
Luego surgirán las pasiones-emociones, y el pensamiento y la conciencia se establecerán en el sujeto, quien se separará ineludiblemente de toda sacralidad a la cual está sujeto cuando niño y deberá desarrollar el camino de vuelta, volviéndose niño nuevamente.
Muchos saludos!

 

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